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La caótica ciudad santa del hinduismo

Abluciones en el Ganges, el río sagrado.

Recomendado

B

enarés es una de las ciudades santas por antonomasia del hinduismo, es su Roma o su Meca, y un lugar a visitar si se tiene la oportunidad. No deja indiferente, una noche y un amanecer bastan, y no hay nada como ello en el mundo. 

Ya desde el comienzo, el visitante se ve asaltado de modo sistemático por un catálogo innumerable de sorpresas, tanto positivas como negativas. Empieza la aventura en el aeropuerto, donde algunas compañías aéreas aún utilizan básculas de las de aguja para pesar los equipajes, o donde las instalaciones parecen haberse parado en los años 40, en un aeródromo más propio de Casablanca (recomiendo no ir al baño aquí salvo caso de extrema urgencia).

KERARNO (Flickr)

El caótico tráfico de la ciudad santa.

El trayecto hacia la ciudad es de aproximadamente 30 minutos, en medio de una llanura salpicada de árboles, praderas, campos de cultivos, y cientos de conductores suicidas que hacen del mismo una aventura no apta para cardiacos, aprehensivos, prudentes, o novatos en la conducción india. Varios adelantamientos simultáneos, camiones del Pleistoceno pegando volantazos, cientos de bicicletas y motos por los arcenes y esquivando vehículos que les avasallan…. Todo en medio de un estruendo ensordecedor de bocinas que acompasan el estilo de conducción agresiva.

Llegados a la ciudad, si uno tiene la suerte de quedarse en un hotel cercano a los 'Ghat' (muelles donde la gente se congrega a orar y hacer sus abluciones), tiene que saber que hay como mínimo otra hora de atasco urbano al 'estilo Benarés', que consiste en que cada uno va por donde le da la gana, el que respeta una norma es bobo, los vehículos tienden a ir en diagonal y hacia los lados (nunca en trayectoria rectilínea) y con un nivel decibélico propio de quien sabe que tocar el pito es gratis y mola.

Llegados al hotel, y suponiendo que hasta ahora uno en el taxi se haya abstraído de mirar por la ventana, llega el primer contacto pie en tierra, normalmente hay que zafarse de un gran número de buscavidas que te ofrecen transporte, tours por la ciudad, alojamiento, masajes o el karma a cambio de unas rupias, seguido de una asfixiante sensación de calor húmedo y sofocante. Es importante por eso que el hotel tenga buen aire acondicionado y esté decente, aplicado al estándar local, con tal de que no haya muchos cortes de luz y esté (visualmente) limpio, suficiente.

 

El crematorio sagrado.

Hay que explorar las calles, y he aquí la primera pista: no hay casi calles como tal, para llegar a las zonas donde se puede andar, hay que ir por unas cuantas pistas asfaltadas tipo Scalextric por donde los rickshaws y buses urbanos pugnan por llenar cualquier hueco existente; y he aquí la segunda pista: la ciudad está muy extendida, así que las distancias son mucho más grandes de lo que se podía suponer. Conclusión: hay que contratar a alguien para que esté a nuestra disposición durante toda la estancia, y por supuesto, regatear el precio. A elección de cada uno queda si es un motocarro o un coche con aire condicionado, cosa muy recomendable, pues aparte del citado calor, es una ciudad con niveles de polución altísimos, y además una gran cantidad de polvo (quizá también ceniza), así que un buen coche con ventanillas alzadas nos aísla del calorazo (y del ruido, claro).

Aparte del Ganges, del que hablaremos enseguida, se recomienda a la gente ir a ver el Templo Dorado, que requiere serpentear por un zoco laberíntico, y algo guarro, la verdad, esquivando locales que te quieren vender alguna de sus chorradas (con perdón), y gente que se limita a ir a tu lado para luego colarte alguna propina. Pues bien, pasad del tema, porque no dejan a entrar a no hindúes y lo único que se consigue es que un poli te cachee.

 

Al día siguiente, toca madrugar, hay que ver el amanecer en el Ganges, salir desde el primero de los ghat y recorrerlos todos, ver cómo la gente saluda el nuevo día bañándose en el río, orando y haciendo plegarias. La verdad es que es un paseo fabuloso, una experiencia única, una hora y media inolvidable. La luz inicial del día proyectándose sobre los diversos edificios, las miles de personas que a las orillas del río… Todo hace que uno se olvide de la balsa oleaginosa y grisácea en la que la polución, vertidos y falta de civismo han convertido al Ganges, o la musiquilla de Bollywood a que el remero te condena durante el trayecto.

La visión más impactante, sin duda, son los dos o tres ghat donde queman a los muertos, que tienen varias chimeneas crematorias, rodeados de docenas de toneladas de madera preparadas para las piras... Además, en varios de ellos pudimos ver varias esvásticas, símbolo religiosos originario de los antiguos arios indios, lo que me hace preguntarse si en los años 20 o 30 algún alevín de las SA o SS anduvo por aquí inspirándose. Inolvidable el recuerdo de los rescoldos finales de una pira funeraria, con los pies, intactos, sobresaliendo de la leña.

Fuente:  soitu.es

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