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Matan a Uria... pero la partida continúa


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Los compañeros de partida de Uria, poco después del mortal atentado. El segundo por la derecha sustituyó al empresario. (Foto: Mitxi)Los compañeros de partida de Uria, poco después del mortal atentado. El segundo por la derecha sustituyó al empresario. (Foto: Mitxi)

◄ ¡ Esto ya nadie entendiendo; un muerto sobre la mesa y la partida no deteniendo ! ◄

AZPEITIA (GUIPÚZCOA).- La cuadrilla no perdonó la partida de tute del miércoles. Dos balas impidieron que Ignacio, el más puntual de todos, se acomodara en su silla frente a la ventana y pidiese su café y su farias. "Nunca traía mechero, así que si querías jugar con él tenías que traer fuego", comenta uno de sus habituales en una pausa.

ETA | LA SOCIEDAD VASCA

La cafetería Uranga se encuentra a 200 metros del lugar elegido por los asesinos para acabar con la vida de Ignacio, y el miércoles sus parroquianos continuaron con su rutina, con la única diferencia de que otro ocupó el lugar del asesinado.

Era un hombre "sano, sin maldad, pero con carácter", según los que le conocían, y a sus 71 años trataba de olvidarse poco a poco de la empresa familiar y delegar las responsabilidades en sus sucesores.

"Siempre decía que mientras estuviera bien no iba a dejar de ir a la oficina, y mira si lo ha cumplido", indica uno desde la barra, que recuerda a Gorria (rojo) como un hombre "inquieto". Le llamaban así por el color de su cara.

Ayer, anteayer y el día anterior compartieron tapete, cartas y sobremesa. Las lágrimas que se asoman a sus ojos revelan que empiezan a comprender que esa escena no volverá a repetirse, que el revuelo de policías y periodistas que ha alterado su normalidad nunca se la devolverá tal como la recuerdan.

El ambiente de la cafetería oscila entre la resignación y el sordo resentimiento, pero son pocos los que se atreven a significarse, y mucho menos a acompañar su opinión con un nombre que la respalde. "Estas cosas joden porque no sólo destrozan una vida y una familia, sino la convivencia de todo un pueblo, porque aquí nos conocemos todos y no va a haber dios que se fíe de nadie, y menos la familia", comenta un atrevido desde la barra. Nadie le contesta. Ni le dan la razón ni se la quitan.

Fuente: elmundo.es. 

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