◄ ¡ Hola ¡ Saludos desde MÉRIDA (España). Ciudad romana y Monumental. Si puede, no deje de visitarla. │◄ Hello! Greetings from MERIDA (Spain) Roman and Monumental City. If it can, it does not let visit it │◄ Bonjour ! Salutations de la ville romaine et monumentale de MÉRIDA (Espagne). Si elle peut, elle ne laisse pas la visite il. │◄ Hallo! Grüße MÉRIDA (Spanien) von der römischen und hervorragenden Stadt. Wenn sie kann, läßt sie nicht Besuch es. │◄ Ciao! Saluti dalla città romana e Monumental de MERIDA (Spagna). Se può, non lascia la chiamata esso. │◄ Hello! Cumprimentos da cidade Roman e Monumental de MERIDA (Spain). Se puder, não deixa a visita ele.

Libros que huelen.

► E-libros que huelen a libro.

■ Dicen que el hecho de oler los libros es lo que distingue al bibliófilo de aquél que únicamente los ve como objetos para la transmisión de palabras. El bibliófilo siempre utiliza los cinco sentidos (bueno cuatro, ¡no me veo lamiendo un libro!) cada vez que un libro aterriza entre sus manos. Y es que el sentido olfativo ha sido, tradicionalmente, algo muy apreciado por los bibliófilos. Se me hace realmente difícil imaginar un buen libro sin ese olor característico, de la misma forma que no me imagino entrar en una librería de viejo que huela a rosas. ¡Los libros y las librerías deben oler a libros! Esto ha hecho que, puestos a despreciar esos engendros electrónicos que pretendían jubilar la producción de los libros de toda la vida, ¿qué mejor argumento que la asepsia olfativa?

Evidentemente, un libro electrónico nunca olerá ¿o sí? Pues parece que sí. Un distribuidor de libros electrónicos se preguntaba cuáles eran los motivos para que los estudiantes continuaran comprando libros, incluso cuando estos eran más caros que las ediciones electrónicas. Lo preguntaron y muchos respondieron: el olor. Los libros, ya sean nuevos o viejos, deben oler. Pensando, pensado han encontrado la solución. Con la compra de cada libro electrónico ofrecen la posibilidad de recibir un adhesivo que, colocado en el equipo utilizado para la lectura, recreará el universo olfativo necesario para que cualquier bibliófilo se sienta como si tuviera su joya más preciada delante de su nariz. Además se abren otras posibles vías de expansión de la idea: los olores personalizados.

La mayoría prefiere libros que huelan a humedad, pero también hay que prefiere otros tipos de personalidad organoléptica: café, pan recién hecho, galletas No es el primer caso de tecnología olfativa o como los creadores de contenido han querido acceder a nuestra nariz. En 1981 el director John Waters estrenó la película "Polyester". Cada espectador que acudía al cine recibía una tarjeta numerada, en la que, conforme avanzaba la película, debía rascar el número que aparecía en pantalla, momento en el que se desprendía un olor que ayuda a ampliar la experiencia de lo que se veia en pantalla.

Lo dicho, ahora a los bibliófilos ya solo nos queda un argumento real para seguir prefiriendo las ediciones físicas: ocupan espacio. Y es que no es lo mismo leer los últimos cuentos de Sergi Pàmies, "Si te comes un limón sin hacer muecas" (si no lo han hecho, se lo aconsejo ¡disfrutarán!) que abrir el monumental "Guerra y paz" de Tolstoi. El tamaño importa. ¿Qué otros motivos quedan para no adquirir e-libros? Ya los comentamos hace tiempo y la situación prácticamente no ha variado: poca oferta, caros y las dificultades de uso que imponen las empresas temerosas que los usuarios hagamos copias. Por el contrario, son prácticos, completos, se pueden llevar en cualquier sitio y ahora, ¡también huelen!

Divúlgalo

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