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Deshidratación


       Salud      

 

 

■  Los ancianos tienen mayor riesgo de experimentar deshidratación que la población en general.

¿El cuerpo de los ancianos tiene menos agua?

Posiblemente, uno de los temas más importantes de la geriatría, es el tema relacionado con la homeostasis o regulación del medio interno. En los diferentes sistemas del organismo existe una notable reserva fisiológica que es utilizada en situaciones de estrés metabólico o de cualquier otro origen. Esta especie de reserva funcional va modificándose y habitualmente va disminuyendo en el anciano, lo que lo hace más propenso a que pequeños cambios en su equilibrio provoquen enormes alteraciones y dificultades para su adaptación. Lo anterior es particularmente notorio en la regulación del agua corporal.

Existen múltiples factores, tanto en la anatomía como en la fisiología del individuo, que están involucrados en dicho proceso.

La composición corporal de las personas de edad avanzada se modifica a costa de una disminución del agua corporal total. La proporción de masa corporal representada por el agua, cae del 60 a 65% a los 20 años, hasta un 45 a 50% a los 80 años.

El órgano encargado de la regulación del volumen de líquidos del cuerpo es el riñón, que también sufre una serie de modificaciones en el senescente.

¿Por qué es importante el agua?

El agua es importante porque forma parte de todas las estructuras del organismo, desde las células más elementales hasta los fluidos de todo tipo, y por cierto que entre estos está la sangre. Por eso las alteraciones que provoca una deshidratación pueden ser muy amplias. Si hay deshidratación el riego sanguíneo será menor e incluso insuficiente en muchos órganos, lo que provocará el fallo de éstos y la consecuente cascada de problemas.

¿Es frecuente la deshidratación en los ancianos?

La deshidratación es un problema de importante incidencia en el anciano. Diversos estudios muestran que un número significativo de personas mayores en el medio comunitario, institucionalizados en residencias, e incluso hospitales que no cuentan con especialistas en geriatría, presentan algún grado de deshidratación. En un estudio de 15.187 pacientes ancianos hospitalizados, se encontró a un 1,1% con deshidratación y solo el 43% de dichos pacientes, la tenía a su ingreso. Vale decir que más de la mitad de las deshidrataciones se produjeron en el centro hospitalario.

¿Por qué se produce la deshidratación?

En términos sencillos, la deshidratación puede obedecer a tres grandes grupos de causas:

  • La primera es que ingrese menos agua de la requerida, lo que suele ser frecuente, al tener la persona mayor, disminuida la sensación de sed entre otras causas.  
  • También se genera deshidratación al perder más agua de la que ingresa, por ejemplo en una diarrea.  
  • Una tercera alternativa es que el agua se vaya a una región del cuerpo donde no puede ser utilizada, como el líquido ascítico, un derrame pulmonar o un hematoma de dimensiones importantes.  

Se pueden mencionar varias causas como las alteraciones del mecanismo de la sed o incluso provocado por algunos fármacos.

Muchas veces los ancianos tienen dificultades para acceder a los líquidos, ya sea por la utilización de medios de sujeción física, por discapacidad física o por disminución de la capacidad visual. Otra causa frecuente de menor ingestión de líquidos es la autoimposición, ya sea por incontinencia urinaria, por nicturia o impuesta por los cuidadores.

A veces las patologías provocan una menor ingesta de fluidos y en esto influye el bajo nivel de conciencia, ya sea por enfermedades o por el uso de fármacos tranquilizantes o sedantes. Algo muy similar puede ocurrir en alteraciones del nivel cognitivo como es el caso de las demencias, la depresión o el delirium.

¿Cómo puede perder agua una persona?

Las vías por las que un individuo pierde agua y también iones como sodio y potasio, son las siguientes:

  • Evaporación: son las llamadas pérdidas insensibles, constituidas fundamentalmente por la evaporación respiratoria y por la sudoración. Pueden llegar a alcanzar volúmenes importantes dependiendo de la temperatura corporal y ambiental. En un clima como el de España, lo normal es que fluctúen entre los 400 y los 800 mililitros al día, aumentando unos 150 ml por cada grado de temperatura sobre 37.
  • Gastrointestinales: muy variadas en cuantía y origen. Pueden ser por vómitos, diarrea, drenaje nasogástrico, fístulas, intervenciones quirúrgicas del intestino, etc. Obviamente no debe considerarse la evacuación normal de deposición del individuo.
  • Formación de tercer espacio: en este caso, si bien no hay pérdida real de volumen, puede haber sustracción de agua significativa en déficit de proteínas severos, ascitis, quemaduras, grandes hematomas, etc.  
  • Urinarias: a la formación y eliminación normal de orina, puede agregarse una serie de pérdidas de origen renal, como en los distintos tipos de diabetes. Habitualmente aumentadas en los ancianos producto de la no siempre apropiada utilización de diuréticos.

¿Qué síntomas pueden aparecer en una deshidratación?

Dependen de la velocidad de instauración de la deshidratación, siendo mucho más intensos cuando ésta se ha producido en forma brusca.

Puede haber desasosiego, irritabilidad, inquietud, temblores confusión y delirio, compromiso de conciencia, hipertonicidad muscular, contracturas musculares, convulsiones, llegando incluso al coma y a la muerte si el desequilibrio no es tratado.

Cabe señalar que ninguno de estos síntomas es específico o exclusivo de la deshidratación, por lo que la valoración de un médico es fundamental para realizar el diagnóstico y proceder al tratamiento.

Fuente: Salud al día