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Segando; el ayer y el hoy

   ♦       Sección:   CURIOSIDADES       ♦  


Trono mecánico. Un hombre, con una cosechadora (entre 120.000 y 240.000 euros), se encarga de todo el proceso de la cosecha.

Trono mecánico. Un hombre, con una cosechadora (entre 120.000 y 240.000 euros), se encarga de todo el proceso de la cosecha.

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ás de medio siglo separa las fotografías en color de las vivencias de aquellos años. Las máquinas han borrado el recuerdo de hoces, mulas, trillos y sudor. Desde el interior de sus cabinas climatizadas, los actuales señores de las cosecha dominan la llanura castellana. Muchas nacieron aquí, algunos son fugitivos de la ciudad, pero todos son víctimas de un irrompible vínculo con la tierra .

Es verano. El trigo ya está seco y los campos de Castilla viven una frenética actividad. La siega, una práctica ancestral en nuestra civilización, este año se prolongará hasta finales de agosto en las tierras más al norte de la Península. Las espigas, que tan sólo hace unas semanas cubrían de verde las extensas praderas manchegas, han dado paso a un amarillo pálido tras el que se esconden las diminutas semillas de trigo que servirán de materia prima para fabricar todo tipo de harinas, sémola o cerveza, así como una gran variedad de productos alimenticios y algunos piensos de animales.

Paisajes habituales. Haces de paja invaden el campo.

Paisajes habituales. Haces de paja invaden el campo.

Son las ocho de la mañana del sábado y Raimundo Tejedor espera con expectación el comienzo de la recolección de trigo en sus tierras. «Las últimas lluvias de la temporada han hecho mucho bien al campo, aunque si ese mismo agua hubiera caído en marzo estaríamos hablando de una cosecha histórica probablemente», comenta este agricultor, propietario de 420 hectáreas de terreno en Granátula de Calatrava (Ciudad Real), de las cuales 80 son de labranza, 32 de olivos, 10 de almendros y el resto monte bajo para recreo.

Todo está listo para el inicio de la campaña. El dueño de la cosechadora ha terminado de poner a punto la máquina y la siega va a comenzar en cualquier momento. «La mecanización se ha impuesto definitivamente en el campo. Ya no es como antes. Actualmente, la mayoría de agricultores depende de estas grandes máquinas para recoger el fruto de todo un año de trabajo», dice Raimundo casi a gritos mientras la cosechadora empieza a cortar los primeros tallos del cultivo. «Hay que tener en cuenta que una máquina mediana viene a costar entorno a 20 millones de pesetas, mientras una grande ronda los 40. Un dinero imposible de amortizar con lo que da el campo», lamenta Raimundo, que tiene por costumbre hablar en pesetas en lugar de en euros, como todavía suele hacer mucha gente del terruño.

Pero parece que este año la cosecha será buena y, además, los costes del trigo han subido mucho en los últimos tiempos. Una noticia para alegrarse. Sin embargo, Raimundo no se muestra del todo optimista: «Es cierto que el precio del trigo ha subido de 26 a 40 pesetas el kilo, pero llevábamos muchos años, demasiados, con las tarifas congeladas –aclara–. Además, hoy en día resulta todo muy caro: el gasóleo está por las nubes, mantener un tractor supone un gasto importante, alquilar una cosechadora tiene su coste, las semillas también, el abono... Al final, echas cuentas y sale lo comido por lo servido, porque yo no vivo de esto y lo considero como una afición que puede dar rentabilidad en un futuro, sino sería una ruina».

Paisajes habituales (2). El camión vuelca el trigo en el almacén ante la mirada atenta de un hombre.

Paisajes habituales (2). El camión vuelca el trigo en el almacén ante la mirada atenta de un hombre.

A Raimundo no se le puede considerar como un campesino al uso. Pese a provenir de una familia de agricultores y ganaderos de Salamanca, «del campo charro» como él dice, estudió Económicas en Madrid y trabajó 11 años en Pricewaterhouse Coopers como auditor. Durante aquella etapa, vivió en diferentes países y trabajó para multinacionales como IBM o NCR. Después, decidió volver a sus orígenes, abrió un despacho en Ciudad Real y compró unos terrenos que explota con la ayuda de un labrador del pueblo, al que pasa toda la subvención de la PAC (Política Agraria Común). «Mi caso no es tan raro. Conozco médicos, abogados e ingenieros que han hecho algo parecido. El estrés y el ritmo de trabajo en algunas empresas, sobre todo consultoras, queman a muchos profesionales a los 40 años, por lo que deciden regresar al campo», señala.

Mucho han cambiado las cosas en las últimas décadas. Desde aquellos tiempos en los que el trigo se recogía a mano durante largas jornadas al sol, sin más herramienta que la hoz; o, más recientemente, cuando las primeras cosechadoras semimanuales simplificaron el trabajo al cortar de forma mecánica la caña de trigo, pero necesitando aún de la mano del agricultor para empaquetarlas, llevarlas a la era y allí, con una trilladora, separar el grano de la paja. «Hoy las máquinas lo hacen todo solas y con mayor precisión si cabe. Es difícil ver granos de trigo en el suelo después de la recolecta», apunta Raimundo.

De viaje. La máquina corta, desgrana, separa el trigo de la paja y vuelca la semilla en un camión para su traslado.

De viaje. La máquina corta, desgrana, separa el trigo de la paja y vuelca la semilla en un camión para su traslado.

Trabajador polivalente

En una sola persona, el maquinista, recaen todas las labores. La máquina corta, desgrana, separa el trigo de la paja y vuelca la semilla en un camión para transportarla a unos hangares donde se deposita hasta su venta en el momento más oportuno. Manuel Fernández es uno de esos maquinistas especializados en la recolecta del trigo. Hace seis años compró una cosechadora de segunda mano para segar sus propios campos, pero pronto se dio cuenta de que podía ser buena idea explotarla a terceros para amortizarla antes. «Nuestros clientes nos ayudan a diversificar riesgos. Mi cuñado y yo tenemos una finca con cereal, olivo y viña y no podemos permitirnos el lujo de depender exclusivamente del resultado de la cosecha. La clave del éxito de la agricultura de hoy es diversificar riesgos», reitera Manuel.

Al igual que Raimundo, Manuel cursó estudios universitarios. Ingeniero industrial, tiene un puesto en una multinacional española cuyo nombre prefiere mantener en el anonimato y, cuando llega el verano, vuelve al campo, su otra gran pasión. Mientras hablamos con él, el teléfono no deja de sonar, agricultores y propietarios llaman sin cesar con el único propósito de ser los siguientes en la lista. «Todos tienen un pretexto o una justificación para ser los primeros, pero es imposible segar todo a la vez, hay que ir por partes», comenta.

Precisamente, esta situación hace que Manuel se plantee a veces dejarlo todo. Sin embargo, lleva el campo en la sangre: «Mis padres y mis abuelos eran agricultores y yo me siento arraigado a estas tierras». El trabajo del maquinista es realmente duro. En turnos partidos de cuatro horas, dos personas comparten la faena al frente del vehículo. La jornada comienza a las seis de la mañana, con los primeros rayos de sol, y termina a la una o las dos de la madrugada, «el tiempo justo para echar otra cabezada y recuperar fuerzas para el día siguiente».

+ En la página web de la Asociación Española de Técnicos Cerealistas.

Almacenaje. La cosecha se guarda en grandes hangares hasta que llegue el momento de ser puesta a la venta.

Almacenaje. La cosecha se guarda en grandes hangares hasta que llegue el momento de ser puesta a la venta.

Tres tipos de granos

El trigo, que crece en una gran variedad de condiciones climáticas, ostenta el título de ser uno de los tres cereales más cultivados en el mundo y con mayor número de utilidades. Se impone al centeno y la cebada, menos populares y cuyos usos están limitados a la producción de whisky, aguardiente o cerveza.

Trigo. Encabeza la lista, junto al maíz y el arroz, de los cereales con más éxito en el globo. Se utiliza para hacer pan, pasteles, galletas, bollería, cereales de desayuno y pasta. Crece en una gran variedad de condiciones climáticas, pero las más favorables son las de zonas templadas de Europa, Norteamérica y el suroeste de Australia.

De color marrón rojizo, su forma es ovalada con los extremos redondeados. El grano de trigo contiene grandes dosis de gluten, una proteína que facilita la elaboración de levaduras de alta calidad.

Posee, además, mayor número de proteínas y de hierro que el resto de los cereales.

Centeno. Aunque es muy alimenticio y tiene los mismos usos que el trigo, está considerado el cereal menos importante.

Normalmente sólo se cultiva en lugares donde las condiciones climáticas imposibilitan el crecimiento de cualquier otra variedad. Es muy duro, por lo que puede crecer en regiones frías, a gran altitud y en terrenos poco fértiles.

El grano de centeno tiene suficiente gluten como para elaborar pan, aunque en proporciones muy inferiores al trigo, por lo que el pan de centeno resulta bastante más denso.

Actualmente se utiliza para mezclar con harinas de trigo, para la industria de la alimentación y la fabricación de aguardiente y algunos whiskys.

Cebada. Puede crecer en numerosas circunstancias climáticas, superando al resto de cereales. Solía tratarse de un alimento importante para el ser humano, pero su popularidad ha decrecido en los últimos siglos en favor del trigo y ha pasado a emplearse básicamente como comida para animales o producción de cerveza y whisky.

Más alargado que el trigo, el grano de cebada es más grueso en el centro que en los extremos. Su cáscara protege el grano contra los depredadores y es de utilidad en los procesos de malteado y cervecería.


Variedades del cereal

Con y sin gluten, mezclado con centeno, de cultivo biológico... son muchas las versiones posibles del grano más solicitado
Triticale. Híbrido de trigo y centeno, que se usa en alimentación humana y animal.

Ardica. Variedad de trigo blando con escasa utilización en la actualidad.

Trigo de cultivo biológico. Sin productos químicos de síntesis o fertilizantes.

Trigo Kutya. Procedente de los países del Este.

Trigo blando. Estas variedades se destinan a la producción de harinas para pan.

Trigo sarraceno. No contiene gluten y no es apto para la fabricación de pan.

Karan. Crece principalmente en Somalia.

Pané 247. Se adapta muy bien a los secanos de gran altitud.

Trigo Kamut. Con menor contenido en fibra, se emplea en repostería y panadería.

Cebada perlada. Tiene menos lípidos, vitaminas, proteínas, hierro y calcio.

  Fuente: El Mundo│JOSÉ LÓPEZ-CÓZAR│Fotos de Ricardo Cases.

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