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Energía nuclear, el debate que marcará nuestro futuro


   Ciencia  

 

  Tercera generación. Obras de construcción de la central finlandesa de Olkiluoto 3.

Tercera generación. Obras de construcción de la central finlandesa de Olkiluoto 3.

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■  La vieja polémica ha vuelto: ¿hay que reactivar la energía nuclear para luchar contra el cambio climático y la tiranía del precio del petróleo o hay que apostar por otras fórmulas energéticas? En plena controversia, en Finlandia construyen la primera central atómica europea de tercera generación.

Las temperaturas inferiores a los -20°C no son infrecuentes durante los meses de invierno en Olkiluoto, Finlandia, una pequeña isla situada en la costa oeste del país báltico. Las calefacciones de los habitantes de Eurakoji, municipio al que pertenece Olkiluoto, así como las de la ciudad de Rauma, a unos 20 kilómetros al sur, echan literalmente fuego en estos días en los que el sol se pone apenas siete horas después de haber salido.

Sin embargo, la conciencia ecológica de estos ciudadanos está tranquila, porque la energía que necesitan para tener sus hogares caldeados no ha provocado la emisión a la atmósfera de millones de toneladas de CO2, sino que procede de las dos centrales nucleares que desde los años 70 funcionan en la isla y que producen, sin emitir gases de efecto invernadero, más de 1.600 mw de energía eléctrica diaria, la quinta parte del total generado en Finlandia.

En este país la preocupación por el cambio climático es una realidad fuertemente enraizada y es precisamente por esta razón por la que los habitantes de Eurakoji y Rauma miran con esperanza Olkiluoto 3 (OL3), el tercer reactor que se está construyendo en la isla: según una encuesta, apoya el 68% de la población. Acostumbrados a convivir con las centrales –OL3 será la quinta del país–, los finlandeses tienen además una gran confianza en las innovaciones tecnológicas que tendrá su central de tercera generación, la primera que se pondrá en marcha en Europa desde el accidente en la ucraniana de Chernóbil.

A pesar de que la aprobación parlamentaria de OL3 en 2002 no fue fácil (107 votos a favor y 92 en contra), el debate nuclear nunca ha dejado de formar parte de la agenda política finlandesa. Al final, la balanza se ha inclinado del lado de quienes defienden la atómica. Actualmente, más del 30% de la electricidad que se consume en el país es de origen nuclear, un porcentaje que podría superar el 40% cuando OL3 esté en marcha y crecer aún más si fructifican las propuestas de construir una sexta central que ya estudia el Gobierno finés.

En cambio, en otros países europeos fueron las posiciones antinucleares las que ganaron el pulso de la política y la ciudadanía. Como Italia, que en 1987 decidió en referéndum abandonar todo lo que tenía que ver con esta energía. O Alemania, donde los gobiernos verdes se comprometieron a desmantelar las 17 centrales que hay en el país antes de 2020, al tiempo que se reforzaba la apuesta por las renovables.

La situación nacional. A pesar de que el Ejecutivo es discreto respecto a sus futuras decisiones nucleares –la primera de las cuales pasa por hacer público si prorrogará en julio el permiso de explotación de la decana de las centrales españolas, Santa María de Garoña (Burgos)–, algunos portavoces, como Hugo Morán, secretario de Medio Ambiente del PSOE, han admitido que «en el Gobierno, como en la sociedad, hay distintas sensibilidades».

Y tanto que las hay. Pesos tan pesados del socialismo como Joaquín Almunia o el propio Felipe González han planteado que se debe reabrir el debate para reducir la dependencia energética externa. De hecho, el ex presidente ha llegado a recomendar a Zapatero que reconsidere su postura antinuclear para que «España no se convierta en una isla rodeada de centrales nucleares a las que comprará energía».

Lejos del PSOE, han surgido otros partidarios cuanto menos sorprendentes, como José María Fidalgo, ex secretario general de CCOO, quien, cuando aún encabezaba el sindicato y en contra de la posición tradicionalmente mantenida por el mismo, abogaba por «reconsiderar el mantenimiento de nuestras centrales a pesar de las reservas de la opinión pública».

Por supuesto, la industria nuclear no sólo es favorable a mantener la centrales españolas abiertas, sino a aumentar hasta un 30% su contribución a la cesta energética construyendo entre siete y 10 nuevos reactores antes de 2030. «Sería un auténtico atropello cerrar las centrales en este momento de crisis económica y climática. Debemos hacer una planificación energética a largo plazo, basada en un consenso nacional y desligada de los vaivenes políticos», señala María Teresa Domínguez, presidenta del Foro Nuclear, asociación que agrupa a las empresas del sector.

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