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Edén para ricos

• CONSTRUCCIONES


Visible desde la Luna. Este fotomontaje muestra el aspecto que tendrá el litoral del emirato de Dubai cuando se hayan finalizado los proyectos (alguno ya lo está, prácticamente). Sus promotores aseguran que si se pudiese, “Las Palmeras” se verían a simple vista desde la Luna.

► El Edén de los ricos.

■ No importa la nacionalidad, tampoco las creencias. Para comprar un apartamento o hasta una isla privada en el emirato árabe de Dubai, sólo hace falta pertenecer a la clase más privilegiada del planeta. Clinton o Beckham ya tienen su título de propiedad. Poco mayor que la isla de Mallorca, casi todo desierto, Dubai es un Estado moderno en el sentido más estricto, un ejemplo de despotismo ilustrado. Con los ingresos producidos por el petróleo como patrimonio familiar, la dinastía Al Maktoum ha convertido su reino en un paraíso fiscal y tecnológico capaz de atraer a sus zonas de libre comercio a las mayores multinacionales de cada sector. Actualmente sólo el 8% del Producto Nacional Bruto de Dubai proviene del petróleo. Este sentido de globalización convierte a Dubai en un estado islámico moderado, que no impone la ley musulmana a los extranjeros y donde las costumbres occidentales son ampliamente toleradas. No se discuten temas como el derecho al voto o el divorcio, pero en todos los hoteles se puede beber alcohol y las playas se pueblan de chicas en biquini. Los grandes negocios no hacen distinción de género, raza o credo. En este emirato el turismo es un sector privilegiado. Hace poco más de una década, el desierto se transformó en un enorme astillero y las obras nunca han cesado. El Aeropuerto Internacional de Dubai, famoso por el lujo de su área comercial libre de impuestos, ha pasado de cuatro millones de pasajeros en 1991 a 21 millones en 2004. El objetivo es llegar a 40 millones de visitantes en 2015, por lo que ya ha sido programado un segundo aeropuerto, con capacidad para 120 millones de pasajeros al año; Heathrow (en Londres) tiene 80. Abdul conduce uno de los coches de lujo que vienen y van del aeropuerto, es paquistaní y vive aquí desde hace 15 años. "Todo esto es nuevo, antes sólo había arena", dice, y apunta hacia las torres refulgentes que se extienden por kilómetros de largas avenidas ajardinadas, salpicadas de letreros que señalan desvíos hacia campos de golf, centros comerciales y hoteles de lujo. Aún no ha conseguido superar el asombro. En la ciudad está el hotel más alto del mundo, el lujoso Burj Al Arab, la mayor marina del globo y la mayor zona franca para empresas de nuevas tecnologías, Dubai Internet City. Recientemente se han inaugurado las primeras pistas de esquí alpino de Oriente Medio, una inmensa área cubierta por 6.000 toneladas de nieve bajo techo. En construcción están el rascacielos más alto del mundo, el Burj Dubai, 705 m, y el que será el mayor centro comercial del globo, el Dubai Mall, que tendrá una superficie equivalente a 50 campos de fútbol. Pero todo esto queda eclipsado por proyectos como The Palm y The World. En 2001 se anunció la construcción de The Palm Jumeirah, "La Octava Maravilla del Mundo", una isla artificial con forma de palmera que se podría distinguir a simple vista desde la Luna, rodeada por un dique de 11 km, y que ha cambiado la costa de Dubai para siempre. La isla acogerá a una selecta comunidad, 2.500 casas y más de 2.400 apartamentos de lujo, marinas, zonas verdes, restaurantes, boutiques, cines, centros comerciales y más de 40 hoteles. El Jeque Mohammed bin Rashid al Maktoum, príncipe de Dubai, fue presentado como el "visionario" capaz de concebir este destino único. Nakheel, la empresa estatal encargada del proyecto, empezó los estudios de viabilidad en 1997. Uno de los primeros y mayores inversores privados en la isla, Jassim Al-Bahar, presidente del Grupo kuwaití International Financial Advisors (IFA), recuerda los inicios: "El proyecto aún no estaba bien definido. No se anunció a los cuatro vientos porque la gente no se lo creía. Durante un paseo en barco, mi amigo el sultán Ahmed bin Sulayem, presidente de Nakheel, me dijo: ‘Aquí emergerá Palm Jumeirah’. Miré al mar y le respondí: ‘Con la escritura, ¿cuántos litros de agua me darás?’. Compramos una visión y ahora es real".

De sueño, nada. The Palm, que había sido percibida por algunos como el sueño megalómano de un príncipe absolutista nadando en petrodólares, se destapó súbitamente como una jugada maestra de un gobernante atento. En 2002, el emirato permitió por primera vez a ciudadanos extranjeros la propiedad de una casa, al menos en proyectos concretos, como The Palm. La liberalización del mercado inmobiliario en un paraíso fiscal, como es Dubai, despertó un brote de fiebre del oro. Las primeras propiedades puestas a la venta en Palm Jumeirah se agotaron en dos meses. El año pasado, 780 apartamentos fueron vendidos en 48 horas. Cuando aún no han terminado las obras, Palm Jumeirah se ha convertido en la localización más deseada de Dubai. Un apartamento de 170 m2 con una habitación que hace un año costaba 200.000 euros, hoy vale 400.000. Una villa de 700 m2 comprada por un millón de euros se vende ahora por el doble, tax free. David Beckham, Bill Clinton, Michael Schumacher y Michael Owen fueron algunos de los que no perdieron la oportunidad de comprar en Palm Jumeirah. Una escritura de propiedad concede automáticamente un permiso de residencia en Dubai. El éxito consolidó un fenómeno. The Palm ya no consiste en la construcción de una, sino tres islas con forma de palmera: Palm Jumeirah, Palm Jebel Ali y Palm Deira, cada cual mayor que la anterior. Entre las tres añadirán 360 km de costa a los 72 km del pequeño emirato. Piedra y arena. Las obras de Palm Jumeirah se encuentran en la última fase. Algunos complejos residenciales, hoteleros y de entretenimiento son ya visibles, otros se adivinan. No paran de llegar camiones de las canteras y fábricas de cemento de todo el país. En Palm Jumeirah se han utilizado 100 millones de m3 de piedra y arena, retirada del fondo marino por barcos dragadores. El tronco será el centro neurálgico de la isla. Un canal navegable recorrerá su eje, como si de una columna vertebral se tratase. Paralela al canal comienza a ganar forma la Golden Mile (milla de oro), pensada para transformarse en una de las más impresionantes avenidas comerciales del planeta. Una milla con 220 tiendas de las más exclusivas firmas. En mitad del tronco, una torre con forma de tulipán albergará apartamentos, centros recreativos, centros comerciales y teatro. En la parte superior del tronco estará situado el "centro de la ciudad", con más apartamentos, tiendas, hoteles, salas de cine y seis marinas con capacidad para cientos de barcos. Un monorraíl y una autopista de 12 carriles (obra completada al 80%) conectarán la península con el continente. En las 17 ramas que forman la copa se encuentran las Town Houses, Garden Houses y Signature Villas, o lo que es lo mismo, chalés adosados, villas y pequeñas mansiones con playa privada, disponibles en varios estilos: árabe, mediterráneo, europeo… En las villas medio acabadas grupos de operarios se refugian del sol. "El ritmo de trabajo aumenta por la noche, el hormigón asienta mejor", explica Anil, patrón de una de las embarcaciones que participa en las obras. De noche, Palm Jumeirah se ilumina como un aeropuerto y el ruido de máquinas se duplica. En el dique que envuelve la palmera, todavía yermo, se construirán 37 hoteles temáticos, dirigidos a cuatro estilos de vida diferentes: salud, vida social, descanso y aventura. Junto a cada extremo del dique asoman dos pequeñas islas, propiedad de la familia Al Maktoum. A 22 km de Palm Jumeirah, sólo 17 minutos en barco, una segunda isla parece despertar del fondo del mar: Palm Jebel Ali. Las obras de dragado están a punto de finalizar. En el tronco se empiezan a acumular materiales de construcción, pero en la copa y en el dique hay botones de tierra firme aún a punto de brotar, como ballenas saliendo a respirar. Grandes barcos remolcadores continúan cargando piedra en la costa. Cuando terminen, Palm Jebel Ali tendrá una vez y media el tamaño de Palm Jumeirah. Concebida como "un destino de aventura", la mayor novedad de Palm Jebel Ali será el anillo de 1.060 casas flotantes, construidas sobre pilares, entre la copa y el dique exterior. Encadenadas, formarán un verso de 12 km escrito en árabe por el Jeque Mohammed bin Rashid Al Maktoum, que dice: "Sé sabio como los sabios, no todos los que cabalgan son caballeros". En algunas zonas del dique los promotores planean dar libertad a los compradores para que edifiquen un palacete a su gusto. Contará también con seis marinas y más de 40 hoteles. La tercera isla, Palm Deira se centrará en el aspecto residencial. Empezó a ser construida a finales de 2004 y aún no ha salido a la superficie. Tendrá 41 ramas y un área semejante al centro de Londres, tres veces Palm Jumeirah. La aureola circundante estará dividida en 12 partes, con prolongaciones como dedos para conseguir más línea de mar. Nakheel espera que esté lista para habitar en cinco años. Siguiendo la estela de The Palm, en 2003 se anunciaba The World, un "universo" de 300 islas privadas, bautizadas con nombres de países y regiones del globo, que se agrupan formando un mapamundi de nueve km. de ancho por siete de largo. Situadas a cuatro km. de la costa, aportarán entre todas 200 km más de nuevas playas.

Isla "piloto". La pasada primavera, 700 invitados escogidos, hombres de negocios y potenciales inversores venidos de los cinco continentes, asistieron a la puesta de largo de la isla piloto. En ella, aguas transparentes bañan playas de arena fina donde crecen decenas de palmeras. La mansión dispone de piscina, helipuerto y un embarcadero, pues a las islas sólo se puede acceder en barco o helicóptero. Sentados sobre almohadones, fumando en narguiles, los huéspedes no dejaban de subrayar la singularidad de la empresa. El Sultán Ahmed bin Sulayem, presidente de Nakheel, aprovechó la celebración para dirigirse "a aquellos que no creían en semejante empresa", indicando que "nosotros ya la hemos concretado, y ahora cualquiera puede". El Sultán matizó, no obstante, que tanto los compradores como sus proyectos habrán de ser aprobados por Nakheel. "Esperamos que los proyectos presentados contribuyan para hacer de The World una experiencia deslumbrante". Las islas no pueden ser revendidas. La fiesta sirvió, asimismo, para dar a conocer nuevos proyectos. El más atrevido de todos, Dubai Waterfront, una ciudad de canales e islas artificiales preparada para albergar unos 400.000 habitantes y todos los servicios necesarios: colegios, clínicas, supermercados… No ha trascendido cuánto costará levantar esta ciudad. Para desarrollar Dubai Waterfront, Nakheel ha creado la Dubai Waterfront Company, de la cual se reserva una participación del 51% y busca inversores internacionales para el resto. Si se edificase según lo planeado, tendría dos veces y media el área de Washington D.C. En Dubai nadie duda de que se construya; y sería apenas el embrión de un proyecto todavía mayor: el Arabian Canal, una ciudad que se adentraría en el desierto a lo largo de un canal artificial de 75 km.

Para alimentar esta economía en ebullición, ejércitos de trabajadores extranjeros llegan cada año. Hay gente de más de 60 nacionalidades entre el 1.100.000 habitantes de Dubai. Unos arriban atraídos por el trepidante clima de negocios, como ingenieros, informáticos, economistas y asesores en busca de un empleo muy bien remunerado. Otros, hindúes, filipinos, paquistaníes, tailandeses o bangladeshíes sin preparación específica vienen para materializar el sueño del jeque Mohammed bin Rachid al Maktoum. Los que hablan inglés hacen funcionar los casi 50 hoteles de lujo que existen, conducen los taxis y sirven las mesas. Trabajan durante años lejos de sus familias porque no pueden sustentarlas en Dubai, o porque les resulta imposible conseguir los visados para ellos. Algunos triunfan y llegan a administrar pequeños negocios fuera de las zonas de libre comercio. Para lograrlo tendrán que buscar un socio local que, sin tener obligación alguna, se quedará con el 51% de la empresa. Si todo va bien, este socio será lo más parecido al hombre invisible. De hecho, casi todo el pequeño comercio es gestionado por inmigrantes del sudeste asiático. Prevesh es hindú, vive hace 22 años en Dubai y tiene tres hijos nacidos en el emirato. Es socio de una de las muchas joyerías del Mercado del Oro, una de las tradicionales atracciones de Dubai, pero se lamenta: "Éste es un buen sitio para hacer dinero, pero no para vivir. Es una finca privada. Nunca será nuestra casa". Los extranjeros no pueden acceder a la nacionalidad y tampoco existen permisos permanentes de residencia. Sus derechos políticos son inexistentes; los laborales, sociales o judiciales, muy limitados. Prevesh sabe que cualquier desencuentro de uno de sus hijos con las instituciones locales —una mera disputa de tráfico con un ciudadano nacional—, puede acabar en una rápida deportación. Para compensar la inferioridad de número en su propio país, los dubaitíes han instituido su identidad como un privilegio. Los obreros ganan una media de 160 euros al mes, más de lo que ganarían en sus países —mandan cada céntimo que pueden a casa—, pero no lo suficiente para vivir en Dubai. El alquiler de un apartamento modesto les costaría unos 5.000 euros al año y, probablemente, tendrían que pagar una anualidad de golpe. Así que se hacinan en guetos como el de Al Quoz, construidos específicamente para alojarlos, donde pasan su medio día libre de la semana durmiendo.

Explotación. En Dubai los cuidados médicos o la educación gratuita son únicamente para los ciudadanos nacionales. Amparadas en la falta de libertades, algunas empresas han instaurado un auténtico sistema de trabajos forzosos. Reclutan a los trabajadores en su lugar de origen con la promesa de altos salarios, incluso cobrando por aceptar candidaturas. Al llegar a Dubai les retiran el pasaporte, imprescindible para salir del país. En ocasiones, los salarios son retenidos durante meses y los montantes recibidos no siempre son los estipulados. No obstante, los sindicatos están prohibidos y las huelgas son severamente reprimidas. Así, obreros que no han recibido su salario y sin la documentación necesaria para regresar a casa, siguen presentándose al trabajo. Cualquier reclamación puede suponer que la empresa deje caducar su visado y pierda su pasaporte, o termina con la deportación y el olvido de las cantidades retenidas. Y familias enteras dependen de ese dinero: en Sri-Lanka, La India, Bangladesh... Al fin y al cabo, aquí hay trabajo. Estas prácticas no son legales en Dubai, pero sí repetidas. La fiscalización de los derechos laborales no es una prioridad en el emirato. Un hombre de negocios del golfo comparte sus reflexiones con nosotros: "Dubai es un país joven, vea lo que se ha conseguido en sólo 30 años. Europa ha necesitado siglos para llegar al idealismo que hoy exhibe. Hemos de ser pragmáticos. La gente aquí, nacionales y extranjeros, está más interesada en el crecimiento económico que en posibles cambios políticos". La habitual comparación de Dubai con Las Vegas, otra gran ciudad del desierto, es justificable, aunque sólo sea por el hecho de que en Dubai tampoco todo el que llega gana. Todo sobre el proyecto en www.thepalm.dubai-city.de; Fotografías en www.thepalm.co.ae

Divúlgalo

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