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Biografía.- Jerónimo de Savonarola


♦ Nació en 1452, en el seno de una familia acomodada. Gracias a sus fanáticos sermones contra papas, cardenales y artistas, congregó una legión de seguidores. Estos protagonizaron en 1494 una revuelta en Florencia y echaron a los Medici mientras el fraile se proclamaba jefe de la ciudad. .

► Jerónimo de Savonarola, el fraile italiano que hizo temblar al Vaticano. .

Emprendió una de las revueltas religiosas más sonadas de la Europa renacentista. En su locura, se adueñó de Florencia para someterla a constantes episodios de terror, jalonados de histeria colectiva y hogueras purificadoras, lo que constituyó un primer aviso de los inminentes estallidos protestantes que dividieron la iglesia durante el siglo XVI. Nacido en Ferrara (Italia) en 1452, formaba parte de una familia acomodada en la que varios de sus miembros abrazaron la vida religiosa. El propio Jerónimo se integró en la orden dominica donde, con presteza, acreditó un entusiasmo desmedido por el estudio de los textos sagrados. Concibió un personal universo religioso, regido por la más estricta ortodoxia de la que él pretendía ser máximo garante. Poco a poco, Savonarola se fue construyendo un prestigio social entre las masas populares, que acudían cada vez en mayor número a sus brillantes prédicas. En dichos discursos se criticaba la pasividad del Vaticano ante los excesos mundanos de los cardenales, incluido el papa Inocencio VIII, quien fue objeto de los ataques más airados al ser considerado por el dominico el mayor símbolo de la ignominia humana. Con 39 años fue nombrado prior de la iglesia de San Marcos, en Florencia. Para entonces, su situación mental no invitaba al optimismo. Vivía atenazado por la terrible intuición de una inminente condenación eterna para los humanos pecadores. A esto se añadían constantes brotes epilépticos con fatídicas visiones en sueños que él consideraba mensajes transmitidos por el mismísimo Dios supremo. Savonarola se dejó impregnar por un fanatismo religioso extremo y comenzó a proclamar la inevitable llegada del Anticristo en medio de autocastigos mortificadores, rezos prolongados hasta el éxtasis y ayunos que le colocaban al borde de la muerte por inanición. Esta actitud, supuestamente espiritual, empezó a reunir en torno a él a miles de creyentes, primero en Florencia y posteriormente por toda la Toscana. En 1492 el español Rodrigo Borgia fue proclamado papa bajo el nombre de Alejandro VI, lo que le convirtió en nuevo foco de atención del alterado fraile. Éste declaró que la familia del nuevo pontífice era el más claro exponente de la lujuria, la corrupción y el incesto. Atacó a todos y cada uno de los miembros del clan valenciano, incluido Rodrigo, a quien imputaba los vicios más terribles para un hijo en Cristo. No sólo los Borgia fueron su objetivo; también los Medici de Florencia padecieron su ira, dado que les consideraba paradigma de todos los males que azotaban la Tierra. El 8 de noviembre de 1494 sus seguidores protagonizaron una revuelta en Florencia, que consiguió expulsar de la ciudad a los odiados Medici. El dominico se autoproclamó jefe para después ceder la ciudad a los invasores franceses, liderados por su admirado Carlos VIII. El iluminado consideraba al monarca como un enviado celestial con la misión de liberar Italia de la corrupción y el pecado. Desde entonces quedó instaurada en Florencia una especie de república teocrática que algunos llamaron Savonarolense. El propio instigador de esta situación se transformó en un terrible dictador que sembró de negritud la capital toscana. Se prohibieron bailes, música y festejos. Las mujeres debieron cubrir con velos sus rostros y los condenados por blasfemia eran castigados con la práctica de un agujero en sus lenguas. Se quemaron manuscritos de Petrarca y Boccaccio, considerados autores pecaminosos. Asimismo, fueron a la pira inquisitorial adornos, cosméticos, espejos... En los siguientes años se incrementó la batalla dialéctica entre la Santa Sede y Savonarola hasta que la situación se tornó insostenible. El 7 de febrero de 1497 la florentina plaza de la Señoría fue escenario de un monumental auto de fe en el que se quemaron cientos de libros y obras de arte, episodio que pasó a la Historia como La hoguera de las vanidades. La tensión de aquellos meses culminó con un cruce mutuo de excomuniones entre Alejandro VI y Savonarola, asunto que no hacía presagiar nada halagüeño para el visionario. Finalmente, la amenaza papal de un interdicto que privase a Florencia de los sacramentos de la Iglesia o la facultad para poder comerciar con el exterior hizo que los prebostes florentinos reconsiderasen su posición en detrimento del dictador religioso. En abril de 1498, después de sangrientos altercados, Jerónimo de Savonarola y sus últimos acólitos eran detenidos para ser juzgados y condenados por herejía y cisma. Un mes más tarde, el agitador que hizo temblar al Vaticano fue ahorcado y quemado, siendo sus cenizas esparcidas por el río Arno. Así, acabó una de las revoluciones más extrañas y fanáticas emprendidas contra la iglesia católica.

[Fuente: Juan Antonio Cebrián] Divúlgalo