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Biografía.- Nostradamus


♦ Miembro de una familia de médicos y prestamistas judíos convertidos al cristianismo. La peste negra marcó su existencia: se cobró la vida de su primera mujer y de dos de sus hijos y le llevó a descubrir un remedio para prevenirla. Pero fueron sus profecías las que le dieron fama .

► Nostradamus, el médico visionario que anticipó el futuro.

Fue uno de los personajes más asombrosos y respetados de su tiempo. Médico, astrólogo, botánico, alquimista... Combatió con todas sus fuerzas la peste negra que atenazaba Francia mientras auguraba, gracias a sus renombradas cuartetas proféticas, el futuro de la Humanidad. Michel de Notredame vino al mundo en la localidad francesa de Saint-Rémy (Provenza), en 1503. Pertenecía a una acreditada familia de médicos y prestamistas de origen judío, aunque todos ellos conversos al cristianismo. Siendo adolescente mostró interés por la ciencia médica y, dispuesto a seguir con la tradición familiar –de la que su abuelo materno era el máximo representante–, se inscribió en la Universidad de Aviñón. Si bien sus estudios académicos quedaron interrumpidos de forma brusca por la aparición, en la región de la Provenza, de la terrible peste negra que en pocos años diezmó la población sin distingos sociales. La propia universidad tuvo que cerrar sus puertas por el miedo a los estragos de la plaga y muchos estudiantes, incluido Michel, quedaron a expensas de recibir su titulación. En este tiempo el futuro adivino deambuló por algunos territorios franceses con el afán de investigar a fondo la raíz de este mal endémico para Europa. En 1529 se atenuaron los síntomas de la epidemia y el joven aspirante a galeno pudo, al fin, retornar a las aulas del saber, matriculándose en la Universidad de Montpelier, donde, ahora sí, obtuvo la licenciatura que anhelaba. Dispuesto a ejercer su profesión, el flamante médico se instaló en la ciudad de Agen, allí se casó y nacieron sus dos primeros hijos. Sin embargo, la fatalidad quiso que, poco después, tanto su mujer como sus vástagos fallecieran víctimas de la implacable peste. Este luctuoso hecho deprimió al inagotable buscador de sabiduría, quien se dedicó al estudio de esta fatídica enfermedad que devastaba pueblos y países. Según confirman sus numerosos exegetas, fruto de sus averiguaciones empíricas, De Notredame descubrió un remedio muy eficaz para prevenir en cuerpos sanos la peste bubónica, mientras recomendaba prácticas higiénicas como medidas profilácticas para evitar contraer la carga letal transmitida por los roedores. En 1544 se casó de nuevo con una bella y adinerada viuda que le daría seis hijos. Para entonces, su fama como médico se encontraba en un punto álgido, lo que propició que años más tarde la reina francesa Catalina de Medici le llamase a su lado para convertirlo en su médico y astrólogo personal. En 1555 Nostradamus –quien había latinizado su apellido con la intención, muy al uso de la época, de provocar respeto ante los demás– publicó sus célebres profecías, compendiadas en un volumen por el que se distribuían siete centurias. En dicho y nebuloso escrito se auguraban, de forma hermética, diversos vaticinios acerca del futuro que sufriría nuestra civilización. Tres años más tarde apareció otra edición en la que se incluían tres nuevas centurias, con un total de 1.174 cuartetas versificadas. El pronóstico más resonante de su tiempo fue el que anticipaba la muerte del rey francés Enrique II por las heridas recibidas en una justa y que se cumplió en 1559. Además de este funesto presagio, Nostradamus adelantó, según sus más depurados analistas, otros episodios fundamentales para la Historia: la Revolución Francesa, las dos guerras mundiales y la llegada del nazismo. O incluso, más cercano a nuestra época, el estallido de la Tercera Guerra Mundial, la invasión mahometana de España, el nacimiento del Anticristo y así hasta el año 3797, fecha en la que, según el autor, acabará nuestro mundo con el Apocalipsis. En todo momento, este cuidadoso astrólogo supo redactar sus poemillas con el suficiente tacto para evitar la acción fulminante de la Santa Inquisición. Él mismo confesaría años más tarde que sus cuartetas habían sido elaboradas para ser leídas en siglos posteriores, cuando ya estuviesen libres de mentes ignorantes. Pero al margen de su faceta como augur, este personaje peculiar también nos dejó obras literarias en las que plasmó su inmenso acervo científico. Baste decir que la propia Isabel I de Inglaterra utilizaba con frecuencia las recetas estéticas creadas por el galeno francés. El 2 de julio de 1566 falleció en Salon (Francia) y, como es obvio, él mismo adelantó la fecha exacta en la que se produciría su óbito. Tuvo como sucesor a uno de sus hijos, de idéntico nombre, el cual no estuvo a la altura de su progenitor. En la actualidad, sus enigmáticas profecías siguen siendo un best-seller mundial con decenas de traducciones y millones de lectores, casi tantos como intérpretes de su legado.

[Fuente: Juan Antonio Cebrián]

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